Cuando muchas veces hablo de disciplina más de uno ha pensado en mí como "el tío de la palmeta". Y ni mucho menos voy por ahí. Entiendo la disciplina como la manera de autoimponerse unas pautas de comportamiento que te hagan mejor a ti y que favorezcan a los que te rodean.
Creo que la falta de esa disciplina es una de las causas que hace que a nuestros niños y adolescentes les aburra más la escuela. No trabajo porque "no me apetece". Me da igual ser más o menos culto, "eso está anticuado". ¿Cómo comparar el placer de leer un libro con estar tumbado en el sofá viendo cualquier cosa en TV? ¡Qué cosas tienen estos mayores!
¡Qué lecciones nos dan algunos alumnos emigrantes con respecto al comportamiento con los demás! ¿Es posible que vivir mejor (más cómodamente) nos haga peores? ¿Somos demasiado inconformistas? ¿Tanto cuesta ceder un poquito de tu territorio para, simplemente, tratar con educación a los otros?
Uno de los aspectos con que los docentes tenemos que enfrentarnos a diario e ir contra corriente es el de la agresividad de nuestros alumnos. El ambiente que les rodea, con la TV como abanderada del asunto, les empapa de conductas agresivas y tú, cada día, sin parecer un bicho raro, tienes que convencerles de lo contrario. Creo que somos unos fenómenos los que todavía no nos hemos rendido a influencias perniciosas. Más que el tabaco.
El siguiente vídeo es muy interesante porque nos presenta una manera distinta de resolver problemas sin violencia. Menos competencia y más relaciones basadas en la colaboración, el apoyo y la confianza entre iguales evitaría bastantes conflictos.
Después de muchos años de experiencia como docente, habiendo impartido clases a grupos de 40 y más alumnos de EGB que en muchos casos tenían 16 años, siendo exigente con su tarea y que a día de hoy, ya padres de familia, te saludan y se muestran agradecidos por la labor realizada con ellos, se encuentra uno con que ahora es una barbaridad tener a 28 niños/as de hasta 12 años y a quienes resulta mucho más complicado enseñarles que a aquellos otros que disponían de menos medios y sus circunstancias eran bastante menos favorables.
¿Qué pasa, pues? ¿Qué está fallando? ¿Nos equivocamos los maestros que no los preparamos para los tiempos que corren, o se equivocan quienes piensan que la sociedad hay que cambiarla desde la escuela sin pensar que la escuela "es" la sociedad que desde otros ámbitos se nos cambia?¿No nos manda esa sociedad a la escuela niños caprichosos, que no son capaces de aceptar un "no", ni compartir un juguete y que te miran con caras raras cuando les dices " por favor, no grites que molestas a los demás"?
No sé si los más jóvenes lo ven como algo natural, pero a mí, que ya peino muchas canas, (bueno, en realidad, no tengo otra cosa que peinar) me preocupa muchísimo que los escasos problemas que antes teníamos con alumnos mayores, de día en día se estén convirtiendo en más abundantes y con alumnos más pequeños.
¿Hacemos algo para ponerle remedio? ¿Estamos estorbando los que ya cobramos el quinto sexenio?